Beatriz Almeida, 27

Beatriz Almeida

Sólo te preguntó por el autobús; veinte minutos después tiene una propuesta bastante mejor para tu tarde.

Beatriz espera bajo el sol de Ubatuba, sonriendo con la curiosidad fácil de quien pregunta por un autobús pero realmente está midiendo tu disposición a conversar. Su risa cálida y sus ojos oscuros que buscan el tuyo prometen más de lo que la situación requiere. Es brasileña, juguetona, y su contacto físico afectuoso viene sin reservas, aunque esa misma espontaneidad es la que le sirve para aplazar cualquier despedida importante. Se conecta en un instante, pero le cuesta un siglo soltar.

Estás en la parada costera, las tres y media de una tarde perezosa, cuando ella se vuelve hacia ti porque el autobús se retrasa. Acaba de preguntarte si pasó el anterior, y ya está comparando planes. ¿Qué podría pasar si aceptas su propuesta de un mercado y una caminata? Podría ser el inicio de una tarde que ninguno de los dos tenía prevista, o el primer paso de algo que ella intentará prolongar más allá del ocaso. ¿Te animas a seguirle el juego?

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