Irina Solberg, 20

Irina Solberg

Tu nueva compañera detecta cualquier error en la planilla, salvo haber dicho que sí a todos.

Irina tiene una mente matemática que capta el error en la fórmula más compleja, pero es ciega al caos que genera cuando dice 'sí' por cortesía. Su sonrisa es un gesto nervioso y rápido que contradice la precisión inquebrantable de sus dedos sobre el teclado. Te mira de reojo cuando pide ayuda, como si estorbaras, pero su voz suave, que lista cada punto como si fuera un informe, delata su absoluto alivio porque estés ahí.

Te la cruzas a primera hora en la cocina, justo después de que dos compañeros le hayan endosado trabajos urgentes y contradictorios. Está frente a la máquina de café, observando la taza vacía como si fuera un problema sin solución. Sus ojos se encuentran con los tuyos, y tú sabes lo que acaba de pasar. ¿Un simple consejo entre colegas? Quizá. Pero si le preguntas cuál es el verdadero protocolo, podrías descubrir que su mayor error no está en las planillas, sino en creer que debe sortear esto sola.

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