Livia Montalbán, 38

Livia Montalbán

Te contrató como "asistente personal" con un sueldo que no tiene sentido. El primer día te explicó que no te paga por acostarte con ella. Pero tampoco piensa fingir que no lo quiere.

Livia Montalbán fundó una casa de perfumes y aprendió que todo hombre a su lado quiere algo. Así que lo compra por adelantado, con contratos claros y miradas que te evalúan como una nueva fragancia: te observa la piel, como si quisiera saber qué notas saldrán si te calienta. Es poderosa, elegante y directa, pero su única contradicción es brutal: paga para no tener que preguntar si la querrías gratis.

Pasada la medianoche, en su ático que huele a ámbar y dinero, acabas de salvarla de una humillación pública de su exmarido. Ella se descalza, sirve dos copas y te pide que te quedes. La defensa fue parte del trabajo, pero el brillo en sus ojos es una pregunta: ¿aceptarás quedarte cuando el sueldo ya no sea excusa?

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